Voluntariado = ser joven

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La vida universitaria es una de las experiencias más enriquecedoras, donde amplificamos, descubrimos y desechamos pasiones, no sólo a nivel meramente educativo.

Una de esas experiencias a las que nos exponemos a conocer son las Organizaciones sin Fines de Lucro, y más específicamente vincularnos al voluntariado presente en cada una de ellas.

Muchos entramos por medio de esta vida universitaria a ejercer el voluntariado, más allá de todo por una pasión o una empatía que sentimos por la causa que nos vincula. De mi parte, pues el voluntariado se ha vuelto algo muy importante en mi vida, ya que permite desde muchos aspectos entender que esa fuerza joven que me llena (y debe llenarnos a todos) puede ser correctamente utilizada en beneficio de muchas personas.

El voluntariado tiene una riqueza increíble y nos brinda un desarrollo sin igual para  situaciones reales dentro de nuestra historia como jóvenes trabajadores y profesionales. También un sin número de experiencias que no tienen precio, conocer personas excepcionales que a pesar de alguna desventaja social o física han tomado el camino de la vida de una manera optimista, personas que a pesar de nuestro pequeñísimo aporte como voluntarios son tan agradecidos como quizás no hemos visto a nadie en nuestras vidas.

Una experiencia tan enriquecedora, también necesita que crezcamos y nos desarrollemos, pero al mismo tiempo requiere sentar las bases reales de lo que nos motiva a dar cada tiempo que donamos. Siempre me remitiré a esa frase de Felipe Berrios, quién es un jesuita chileno que en 1997 fundó Un Techo para Chile:

“Ser joven significa arriesgar, descentrarse de uno mismo, descubrir que estamos hechos sólo para amar y servir”

La juventud siempre será la época donde podemos descubrirnos a nosotros mismo, pero al mismo tiempo es la época ideal para descubrir ese amor y servicio descentrado que podemos ofrecer. Cada uno tiene mucho que ofrecer, pero sino estamos dispuestos a arriesgarnos para encontrar esa pasión, poco haremos de nuestra juventud.

Y pues como una vez alguien me menciono en TECHO, nunca es tarde para ser voluntario, nunca es tarde para que podamos darnos el chance de ser las mejores versiones de nosotros mismos, nunca es tarde para cambiar aquellos que no te gusta de tu sociedad, más bien, este es el momento ideal para entender el porqué de las cosas y cuestionarnos sobre el futuro que queremos y que podemos crear con el apoyo a la causa. El momento es nuestro para construir las mejores condiciones, ser mejores ciudadanos y entender que nuestros aportes son pequeños pero al mismo tiempo significativos para motivar en algún aspecto de la vida de alguien más.

Arriesguémonos a conocer las causas, quien sabe si la pasión de nuestras vidas está ahí, y si la chispa del voluntariado será el inicio de todo.

La vida universitaria es una de las experiencias más enriquecedoras, donde amplificamos, descubrimos y desechamos pasiones, no sólo a nivel meramente educativo. Una de esas experiencias a las que nos exponemos a conocer son las Organizaciones sin Fines de Lucro, y más específicamente vincularnos al voluntariado presente en cada una de ellas.

Muchos entramos por medio de esta vida universitaria a ejercer el voluntariado, más allá de todo por una pasión o una empatía que sentimos por la causa que nos vincula. De mi parte, pues el voluntariado se ha vuelto algo muy importante en mi vida, ya que permite desde muchos aspectos entender que esa fuerza joven que me llena (y debe llenarnos a todos) puede ser correctamente utilizada en beneficio de muchas personas.

El voluntariado tiene una riqueza increíble y nos brinda un desarrollo sin igual para  situaciones reales dentro de nuestra historia como jóvenes trabajadores y profesionales. También un sin número de experiencias que no tienen precio, conocer personas excepcionales que a pesar de alguna desventaja social o física han tomado el camino de la vida de una manera optimista, personas que a pesar de nuestro pequeñísimo aporte como voluntarios son tan agradecidos como quizás no hemos visto a nadie en nuestras vidas.

Una experiencia tan enriquecedora, también necesita que crezcamos y nos desarrollemos, pero al mismo tiempo requiere sentar las bases reales de lo que nos motiva a dar cada tiempo que donamos. Siempre me remitiré a esa frase de Felipe Berrios, quién es un jesuita chileno que en 1997 fundó Un Techo para Chile:

“Ser joven significa arriesgar, descentrarse de uno mismo, descubrir que estamos hechos sólo para amar y servir”

La juventud siempre será la época donde podemos descubrirnos a nosotros mismo, pero al mismo tiempo es la época ideal para descubrir ese amor y servicio descentrado que podemos ofrecer. Cada uno tiene mucho que ofrecer, pero sino estamos dispuestos a arriesgarnos para encontrar esa pasión, poco haremos de nuestra juventud.

Y pues como una vez alguien me menciono en TECHO, nunca es tarde para ser voluntario, nunca es tarde para que podamos darnos el chance de ser las mejores versiones de nosotros mismos, nunca es tarde para cambiar aquellos que no te gusta de tu sociedad, más bien, este es el momento ideal para entender el porqué de las cosas y cuestionarnos sobre el futuro que queremos y que podemos crear con el apoyo a la causa. El momento es nuestro para construir las mejores condiciones, ser mejores ciudadanos y entender que nuestros aportes son pequeños pero al mismo tiempo significativos para motivar en algún aspecto de la vida de alguien más.

Arriesguémonos a conocer las causas, quien sabe si la pasión de nuestras vidas está ahí, y si la chispa del voluntariado será el inicio de todo.

 ESCRITO POR:

 GABRIEL RIVAS

Soy un joven con una afición muy grande por el desarrollo humano y social, en especial por los jóvenes, buscando dejar un mejor lugar o experiencia a quienes me rodean. Aficionado a las energías renovables, las redes sociales y el voluntariado. Ingeniero industrial y con animos de seguir creciendo.


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